Punto de vista de Nadia
No encendí las luces. Dejé mi bolso junto a la puerta y me senté en el borde del sofá, con las manos tan juntas que me dolían los dedos. Las palabras de Damien no dejaban de darme vueltas en la cabeza, cada repetición más nítida que la anterior.
Eran hermanos. Hermanos de sangre de verdad, y había sido demasiado estúpida para darme cuenta. ¿Acaso todo esto era solo un juego para ellos?
Intenté convencerme de que mentía. Damien siempre había mentido con facilidad, con com