POV de Nadia
Cuando llegué a casa, mi cabeza aún zumbaba.
La oficina había salido mejor de lo que esperaba. Mejor de lo que estaba preparada. No había alzado la voz ni exigido respeto, pero tampoco me había encogido. Había caminado por esos pasillos de vidrio como si perteneciera allí, porque sí pertenecía. La gente lo había notado. Lo podía decir por la forma en que sus ojos se demoraban un segundo más, por la forma en que las preguntas se convertían en respuestas cuidadosas. La presencia hac