Punto de vista de Nadia
Para cuando llegué a casa, me dolían los brazos.
El conductor me ayudó a descargar las bolsas, una tras otra, hasta que la entrada parecía un almacén de moda que había explotado. Cajas apiladas contra la pared, bolsas de compras brillantes derramándose sobre el suelo de mármol, papel de seda asomando como confeti después de un desfile. Me quedé allí un momento, respirando con dificultad, medio divertida y medio atónita de que todo esto fuera mío.
Me quité los zapatos y e