Capítulo Ochenta y Seis

Punto de vista de Nadia

La mañana de la reunión llegó como un aliento contenido.

Me desperté antes que el sol, no por miedo, sino porque mi mente se negaba a descansar. La ciudad fuera de mi ventana estaba callada de una manera que parecía fingida, como si todos fingieran que nada iba mal mientras algo podrido se extendía debajo. Me quedé allí mirando el techo, contando grietas que en realidad no eran grietas, solo sombras, hasta que Adrian llamó una vez y entró sin esperar.

"Nos vamos en una hora", dijo, ya vestido, ya preparado para el impacto. "Y la reunión de emergencia de la junta ya está en sesión. Tenemos que ir con discreción porque estará muy vigilada."

Me incorporé.

"¿Discreción para quién?"

Su mandíbula se tensó.

"Para ellos."

Lena apareció detrás de él, el pelo recogido, los ojos afilados. No sonrió, y eso me asustó un poco porque Lena solía sonreír siempre.

Me vestí despacio, deliberadamente. Un traje azul marino. Sin joyas salvo mi reloj. No quería nada que brillara,
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