Punto de vista de Nadia
La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas, suave y casi apologética, como si supiera lo que había pasado ayer y estuviera intentando perdonarlo. Me quedé en la cama un largo rato, los ojos recorriendo las formas familiares de mi habitación: los suelos pulidos, la madera oscura del tocador, el leve aroma a colonia que persistía en los rincones. Se suponía que debía sentirse seguro, pero no lo era.
Adrian ya estaba despierto cuando por fin me moví, sentado a