Tomaso subió la falda del vestido de ella hasta la cintura, gruñendo en la oreja otra vez. El cuerpo de ella se sostuvo firmemente contra la pared y entonces gimió, sintiéndose indefensa y completamente encendida ante el animal que había subido a la superficie de aquel hombre que había conocido no más que semanas atrás. Ella no quiso que el dejara de hacer lo que estaba haciendo en ese momento. El dedo de el, se deslizó sobre el borde de sus pantys, y ella se estremecía al sentir su contacto co