Y así fue Elisa se había quedado en casa de Mario y allí ella estaría muy bien. Al día siguiente en la casa del príncipe Elisa despertaba, se sentía aún adolorida con la caída de las escaleras. Una de las sirvientas la atiende a Elisa.
— Buenos días, alteza cómo amanece.
Elisa frunce el ceño y le dice.
— Porque me dices alteza.
— El príncipe nos dijo que usted es su prometida y estamos a sus órdenes todos en la mansión.
— Pero...
En eso entra Mario y dice.
— Pero nada, retírese Angi y vaya por