Y así seguían ellos dos en la habitación hablando de Giovanna y un enamorado secreto. Mientras miraba por el inmenso ventanal, Mario pensó en la cena y en el modo en que había mirado a Elisa. Estuvo seguro de que el deseo había brillado en sus ojos y había despertado un clamor en su interior. Las sensaciones lo estimulaban. Apenas la conocía, Elisa era un pajarito maltratado, pero ella agitaba muchas emociones fuertes en él. Una voz en el interior la instaba a la cautela y le recordaba la facil