Elisa se relajo y tomar un sorbo de café mientras él empezaba a pasar las hojas del contrato, leyendo con el ceño fruncido cada cláusula. Cuando ya no pudo más, se levantó y se puso a pasearse por el salón, mirando con curiosidad los objetos que adornaban las estanterías. A
juzgar por las fotografías, tanto formales como informales, parecía que la familia era muy importante para él. La sorprendía que hubiese escogido para su «reunión» de ese contrato aquella sala que decía tanto de él, sobre to