Al Selene despertar por la mañana, se encontraba sola en la cama. Se volvió al oír la puerta del dormitorio.
— Una taza de té. La dejó junto a la mesilla.
— Gracias amor.
Se volvió para mirarlo al tiempo que se apartaba el pelo de los ojos. Notó que llevaba un traje.
— ¿Qué hora es?
— Casi las siete y media.
El sentó en el borde de la cama y se agachó para besarla.
— Supongo que no puedes regresar a la cama, ¿no?.
Ella sonrió somnolienta.
— Me encantaría, pero tengo una reunión con Giov