La doctora iba impecablemente vestida con un traje, y su bata de médico, llevaba el cabello gris recogido en un moño perfecto.
— Buenos días usted debe ser Selene Scott verdad.
— Si…
— Su esposo no vino con usted. —contestó la secretaria, con la mayor firmeza que pudo.
Ella frunció el ceño y le lanzó una mirada furibunda.
— Señorita Scott la doctora espera por usted, que pase.
— Ok... Disculpe no prestar atención. —respondió ella.
Haciendo acopio de valor, le dio la espalda a la mujer y se diri