Él la estudió en silencio durante unos instantes. Rosie suponía cuál sería su respuesta. No estaba preparada para lo emocionante que iba a hacer aquel momento. Nunca se había enamorado de nadie y ahora estaba loca por Mauricio.
— Mi adorada Rosie.
En ese momento se oyó la voz de la madre de Mauricio al otro lado de la puerta.
— Es hora de cenar así que bajemos.
— Grazie, madre ya bajamos.
— La cena está lista, mi bellísima.
Los tres siguieron hasta el comedor, que había sido decorado con elegan