La lámpara antigua descansaba ahora en el centro del faro, junto a los nueve vasos de cristal y el décimo vaso azul que Valentina había añadido. Su llama eterna ardía sin consumirse, proyectando sombras danzantes en las paredes de piedra. Cada noche, Mariana subía a la cima y la observaba, sintiendo que la luz hablaba con ella en un lenguaje que solo el corazón podía entender.
Pasaron los meses, y la noticia del descubrimiento se extendió por el pueblo y más allá. Historiadores, arqueólogos y c