La mañana después de la boda, Valentina despertó con el sol acariciando su rostro y el sonido del mar filtrándose por la ventana del faro. Nicolás dormía a su lado, con una sonrisa en los labios incluso en sueños. Durante un largo momento, se quedó mirándolo, sintiendo que el corazón le estallaba de felicidad.
Pero entonces, algo llamó su atención. Un sobre blanco, apoyado sobre la mesilla de noche, con su nombre escrito en una caligrafía que no reconocía. No había sello, ni remitente, ni marca