El Faro
La noche en el faro se prolongó más allá de la sidra y los brindis. Cuando las estrellas comenzaron a desdibujarse en el horizonte y el Atlántico se tiñó de ese azul grisáceo que anuncia el amanecer, ninguno de ellos había dormido. No porque no quisieran, sino porque el sueño parecía un lujo que aún no se habían ganado del todo.
Clarissa fue la primera en hablar cuando el silencio se hizo insoportable.
—¿Y ahora qué?
La pregunta quedó suspendida en el aire, como una de esas burbujas de