El hospital olía a desinfectante y angustia.
Mariam avanzó por el pasillo con el corazón en la garganta. Apenas llegó a la recepción, se acercó apresurada al mostrador.
—Vengo a ver al señor Esteban Smith, mi abuelo.
La enfermera levantó la vista, con expresión compasiva.
—Señorita, el paciente está delicado. Pero lo más preocupante es que... la cuenta no ha sido pagada desde hace tres meses. Hoy mismo pensábamos trasladarlo a una sala común si nadie respondía.
Mariam se quedó paralizada. Su mu