La señora Elizabeth miraba por la ventana de su habitación, el corazón aún palpitando por la emoción. Su hijo estaba vivo. Lo había confirmado su hija Sofía unas horas atrás. Aunque no podía verlo, saber que respiraba le daba las fuerzas para seguir.
Sabía que no podía hacer mucho por él públicamente, no mientras Rolando siguiera manipulando todo desde dentro de la empresa. Pero no pensaba quedarse de brazos cruzados. Si algo le quedaba de influencia, la usaría.
Con manos firmes, colocó las fot