Claudia se miraba en el espejo del baño del bar, los ojos enrojecidos, las mejillas húmedas y el maquillaje corrido. Se pasó ambas manos por el rostro con rabia.
—Nadie… —susurró apretando los dientes—. Nadie más volverá a humillarme.
Pensó en Demian. Él jamás la habría utilizado de esa manera. Sí, le falló en muchas cosas, pero nunca la trató como un objeto, como una sombra sin valor. En cambio, Rolando… él sí la había pisoteado.
—¡Maldito! —golpeó el lavamanos con fuerza, temblando.
Se secó l