Gabriel contemplaba desde la pantalla cómo el fuego devoraba el departamento de su jefa. Las llamas se alzaban como lenguas sedientas, consumiendo cada rincón con furia, con rapidez. Las sirenas de los bomberos ya resonaban a lo lejos, pero sabía que no llegarían a tiempo. La estructura colapsaría.
Su mandíbula se tensó.
Entonces… Claudia tenía razón.
Ella lo había advertido. Y aunque en un inicio Gabriel pensó que era una trampa, ahora no quedaban dudas. Rolando quería hacer desaparecer a Mari