Mariam abrió la puerta de su habitación con la intención de descansar, pero se quedó paralizada al ver la silueta de un hombre sentado en el borde de su cama. Era Demian. Llevaba puesto un buzo gris y unas tenis deportivas, su postura era relajada, pero sus ojos hablaban de todo, menos de calma.
—¿Qué haces aquí? —preguntó ella, cruzándose de brazos, intentando ocultar el temblor que le recorría el cuerpo.
Demian se levantó lentamente, caminó hasta quedar frente a ella. Una sonrisa suave adorna