—Ni siquiera digas una palabra y recuerda lo que voy a decirte, Karen —le suelta enseguida, sin darle oportunidad de hablar—. En ningún otro momento de tu miserable vida quiero que te atrevas a decirle algo a Juliette.
—No voy a quedar como la mala en lo que se supone que es mi trabajo por tu irresponsabilidad y tus caprichos —responde ella.
—No me importa si quedas mal o no, y si algo pasa, será culpa mía, no de Juliette.
—No puedo creer lo enamorado que estás de esa chica. ¡Es tu empleada, Ge