—Mierda, vámonos —jadeó, visiblemente alterado—. Vámonos, porque podría follarte aquí mismo, ahora.
Al oírlo soltar eso, apenas pude disimular mi expresión de asombro ante una confesión tan excitante.
—Déjame avisarles a los chicos que nos vamos —dije, apartándome.
—Estarán bien, vamos —dijo, tirando de mi mano sin dejarme responder, arrastrándome hacia la salida con él.
—¡Julie! —escuché que alguien gritaba mi nombre cuando ya estábamos cerca de la puerta—. ¡Por aquí!
Encontré a mi amiga en un