Subí el último escalón dándole las gracias, y al ponerme de pie en el área, distinguí a muchas personas sentadas en las mesas que habían colocado allí.
Intenté localizar a Gérard, donde lo había visto hace un momento, pero no había rastro de él. ¿A dónde podría haberse ido?
—¿Estás perdida, hermosa? —dijo un chico de cabello castaño, poniéndose en mi camino.
—No, déjame pasar.
—Si estás sola, podría hacerte compañía —dijo insinuante, mirándome el escote con descaro.
—¡Lárgate! —espeté, empujánd