—Mamá, no llores —le pedí mientras la abrazaba, dándole un apretón fuerte que me resultó muy reconfortante.
—Te amo, mi niña, feliz cumpleaños.
—Yo también te amo, mamá —sonreí—. Pero deja de llorar, ¿sí?
La besé en ambas mejillas sin soltarla.
—Está bien, disculpa a tu madre llorona —respondió, lo que nos hizo reír—. Cuando regreses tendrás una sorpresa.
—Oh —no esperaba eso.
—Y Juliette —me llamó primero, mirándome y luego a Gérard, que estaba detrás—. Espero que estén usando protección.
Casi