—Acabo de preparar la cena y quisiera que, al menos esta noche, todo fuera normal —suplicó su amiga—. Seamos una familia feliz; una suegra que ama a su yerno, un yerno que ama a su suegra, y punto.
Con esas palabras terminó, animando a todos a dirigirse al comedor, excepto a la madre de Juliette, que se quedó frente a mí, observándome con suspicacia.
—Conozco a los chicos como tú. De ese mundo tuyo de celebridades, dinero, drogas y alcohol —continuó—. Ustedes no piensan en nadie más que en sí m