Joaquín
—No tienes que agradecerme, Samuel —le dije, apretando un poco su hombro. —La familia está para esto. Y, además, ya que vamos a cubrirnos las espaldas, quizás tú también puedas ayudarme a mí en algún momento.
Sus ojos se iluminaron con alegría y una pizca de picardía.
—¿Ayudarte a ti? —preguntó, esbozando una sonrisa traviesa. —¿Con la tía de Amy, quizá?
Sentí el calor subirme a las mejillas, pero mantuve el control. Este chico era demasiado astuto.
—Puede ser... —respondí, encogiéndom