Joaquín
Estaba hablando con Amy y Samuel cuando la puerta de la oficina de la directora se abrió, y Camila y Nathan, salieron juntos.
Nathan tenía la mirada perdida en el suelo, avergonzado, y Camila parecía agotada. Ella me miró y, por un segundo, supe que iba a pedirme ayuda antes de que dijera una sola palabra.
—Joaquín, ¿puedes llevarnos a casa? —preguntó, su voz resignada y agobiada.
Asentí de inmediato, aunque estaba a punto de decir que, por supuesto, no necesitaba pedirlo.
—Claro que