Joaquín
Esperé a que mi madre saliera del edificio antes de ir a la oficina de Felipe.
Por los pasillos, aún podía escuchar a algunos empleados susurrando sobre el "huracán Angélica" que acababa de barrer la oficina. Intenté ignorar los comentarios, pero la verdad es que el nerviosismo me pesaba en el estómago.
Lo último que necesitaba era que alguien empezara a sospechar de mí.
Llegué a la puerta de la oficina de Felipe y lo encontré recostado en su silla, con una mano cubriéndose la cara, como