Joaquín
Nos habíamos pasado casi una hora buscando ese maldito pedido que se había perdido.
Al principio, ella estaba frustrada, su ceño fruncido mientras sus dedos se movían nerviosos entre las hojas.
Poco a poco, su ansiedad había empezado a contagiarme. A pesar de todo, había algo en su concentración que me resultaba... intrigante.
—¡Aquí está! —gritó, levantando un papel como si fuera un trofeo.
Su cara se iluminó instantáneamente, y antes de que pudiera reaccionar, saltó de la silla con un