Camila
Estaba tan sumergida en los malditos papeles que no me di cuenta de que todos en la oficina ya estaban recogiendo sus cosas para ir a almorzar.
No es que me importara mucho, la verdad. Mi estómago no estaba en lo más mínimo interesado en comer en ese momento. Lo único en lo que podía pensar era en el desastre que tenía frente a mí.
Un pedido perdido. Alguien debió haberlo registrado, pero no estaba ni en los correos ni en el sistema, ni siquiera en las carpetas. Era como si se hubiera de