Joaquín
Arranqué el coche, maldiciendo mi suerte mientras me dirigía a la oficina siguiendo sus pasos.
No quería perderlo. Aunque no había sacado nada útil de la noche anterior, todavía tenía la esperanza de que algo surgiría más adelante en el día.
Mantuve una distancia prudente mientras lo seguía hasta la oficina, Ramiro no parecía estar preocupado en lo más mínimo, iba caminando con su andar arrogante, saludaba a uno que otro vecino, hasta llegar a la parada de autobús.
Cuando llegué al esta