Amy
Amaba las mañanas porque tenía a mi hermanita sola para mí.
Ana Clara estaba dormida sobre mi pecho, como todos los días desde que volvió.
No podía dejar de admirarla.
Era tan chiquita, tan perfecta. Su boquita entreabierta, sus manitas como bolitas de algodón, sus pestañas diminutas… ¿Cómo podía alguien tan pequeño hacerme sentir tantas cosas?
Me levanté con cuidado y la dejé con delicadeza en su cuna. Era hermosa, tan parecida a mamá...
No me di cuenta de que Samuel había entrado hasta qu