Joaquín
La entrada del hospital psiquiátrico me provocaba una mezcla de escalofrío y desagrado.
No por el lugar en sí, sino por lo que nos esperaba adentro.
Caminamos en silencio, Samuel y yo, hasta la recepción.
Él llevaba los papeles en una carpeta negra bajo el brazo. Su expresión de seriedad que no se veía en ningún adolescente.
Tenía la mirada fría, como si se estuviera preparando para entrar al infierno. Porque eso era lo que estábamos a punto de hacer.
Una enfermera nos acompañó por