Camila
Hoy me dan el alta.
¡Al fin!
Después de tantas semanas en esta cama, de sentirme atrapada entre las sábanas y el constante pitido de las máquinas, podría volver a casa.
A mi hogar.
Con mi familia.
Miré a mi lado, donde Joaquín dormía en el sillón, con la cabeza apoyada en el reposabrazos y una mano descansando sobre su pecho. Se veía cansado, y no era para menos.
Desde que desperté, no se había separado de mí más de lo necesario, solo para traerme a los niños o para pasar tiempo con