Capítulo 128: La cita... ¿perfecta?
Felipe
Romina y yo llegamos al restaurante, un lugar elegante pero no demasiado lujoso. No quería que pensara que intentaba impresionarla con mi dinero… aunque, lo cierto era que, sí quería lucirme.
Le abrí la puerta con un movimiento exagerado y le extendí la mano.
—Bienvenida a la mejor cita de tu vida, madame.
Ella puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar sonreír mientras pasaba junto a mí.
—Dios, Felipe, tienes un ego más grande que esta ciudad.
—¿Y no te encanta? —respondí con una son