Joaquín
Llegué a la oficina con el ceño fruncido, más cansado de lo habitual.
Las últimas semanas habían sido un caos absoluto. El juicio contra Gustavo parecía estancado, como si cada día nos enfrentáramos a un muro nuevo.
Mario estaba haciendo lo imposible, pero la burocracia y las mentiras de Andrade complicaban todo.
Para colmo, Socorro había desaparecido sin dejar rastro. Nadie sabía dónde estaba. Parecía que la maldita tierra se la había tragado.
Lo único que me daba algo de paz era s