Ramiro
Desde que puse un pie en este país, me prometí que nunca más volvería a depender de nadie.
Pero aquí estaba, tres semanas después de escapar de las garras de Socorro y de casi cometer un crimen. Sobreviví de la única forma que encontré.
Las cosas no habían sido fáciles. Huir significó dejar todo atrás.
Al poco tiempo me quedé sin dinero, sin contactos y, bueno, terminé vendiendo lo único que me quedaba: mi cuerpito.
La pocilga donde dormía olía a humedad y desinfectante barato. Las p