Andrés salió de la mansión antes del amanecer, no dijo a dónde iba, solo me miró desde la puerta de la cocina con esa expresión suya que podía significar todo o nada.
—Vuelvo en unas horas —dijo.
—¿A dónde?
—A arreglar algo.
Cerró la puerta, y yo me quedé sola con la certeza de que me había mentido otra vez.
No era mi problema. El contrato era claro, nada de preguntas sobre Álvaro, nada de entrometerme en los asuntos de la familia. Pero la nota del sobre seguía quemándome en la memoria.
"Paula,