La cena fue anunciada como una reunión familiar informal. Pero cuando bajé las escaleras y vi la mesa de veinte puestos, entendí que no tenía nada de informalidad.
Los Córdovas estaban sentados como si fueran un jurado. Andrés me ofreció el brazo, lo tomé, sonreí y actué.
—Esta es Paula —dijo él, con una voz que no admitía discusión—. Mi novia.
Un silencio breve, luego, los saludos.
La abuela Margarita presidía la mesa desde la cabecera, con una sonrisa que lo veía todo. A su derecha, un hombre