El viaje hasta el antiguo almacén de la calle Robles fue silencioso y tenso. Andrés conducía con atención, manteniendo una velocidad moderada, mientras Leonardo iba en el coche de adelante como escolta. Álvaro nos acompañaba, con la mirada fija en la carretera, observando cada rincón de esa zona.
—Hace más de diez años que no paso por aquí —comentó Álvaro, mirando por la ventanilla—. Este lugar solía ser un centro de distribución de mercancías de la empresa, pero cuando cambiaron las rutas de t