El regreso al interior de la mansión se sintió diferente. Antes, cada rincón parecía cargado de formalidad y distancias impuestas por el contrato, ahora, tras lo vivido en el almacén, el aire se percibía más denso, mezclado con el olor a madera antigua y la sensación de que, entre tantas paredes, había ojos vigilando cada movimiento.
Leonardo había ordenado revisar puertas, ventanas y sistemas de seguridad, pero nadie podía garantizar que el traidor no estuviera entre ellos, respirando el mismo