La noche había caído por completo sobre la mansión, envolviéndola en un silencio que ya no se sentía tranquilo, sino vigilado. Después de la conversación con Álvaro y Leonardo, la sensación de que alguien nos observaba desde las sombras se había vuelto casi tangible. Sin embargo, cuando Andrés me tomó de la mano y me indicó que lo siguiera hacia la biblioteca, lejos de los pasillos principales y de los dormitorios, sentí que la tensión se transformaba en otra cosa, era una mezcla de nerviosismo