El aire de la tarde estaba más fresco. La ciudad seguía moviéndose como si no acabáramos de cerrar un negocio importante.
Erik abrió su auto.
—¿Vienes conmigo? —me preguntó.
Asentí.
Iván se subió a su propio coche deportivo, todavía hablando por teléfono, probablemente ya avisando que celebraría.
Daniel entró en el suyo sin decir mucho.
Durante el trayecto, Erik parecía relajado.
—Te diste cuenta de cómo Camila intentó ponerte a prueba tres veces, ¿verdad?
—Sí —respondí.
—Y no te movis