Capítulo 43

Cuando finalmente dejamos de movernos y el silencio se instaló en la habitación, mi cuerpo estaba tan agotado que apenas podía mantener los ojos abiertos.

La noche había sido larga.

No fue solo una vez. Ni dos.

Entre besos, risas cansadas y esa necesidad que parecía no querer soltarnos, volvimos a encontrarnos una y otra vez hasta que la energía simplemente se nos acabó. Recuerdo haber reído contra su hombro en algún momento, completamente sin fuerzas, mientras Daniel murmuraba al
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