Capítulo 44

Cuando el auto se detiene frente a mi casa, el cielo ya está oscuro. Las luces del jardín iluminan la fachada con ese tono cálido que siempre me hace sentir que estoy regresando a un lugar seguro.

Daniel apaga el motor, pero ninguno de los dos se mueve de inmediato.

El día se pasó demasiado rápido.

Entre el desayuno, las bromas, el paseo improvisado por la ciudad y ese extraño placer de no tener que correr a ningún lado, las horas simplemente se deslizaron.

Lo miro.

Él ya
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