Capítulo 18

La noche siguió.

Y fue extraño… porque después de ese beso nada parecía haber pasado.

Daniel volvió a sentarse como si no me hubiera acorralado minutos antes. Como si no me hubiera besado con esa furia que todavía me ardía en la piel. Su expresión era tranquila. Demasiado.

Y yo también.

El ambiente se volvió ligero, casi cómodo. Nos reímos. Bebimos. La música seguía sonando, y por momentos olvidé que algo se había roto —o encendido— entre nosotros.

Daniel bebía poco, sin p
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