Capítulo 17

Miriam llegó cerca del mediodía.

Yo estaba sentada en la sala, con una manta sobre las piernas y una taza de café que ya se me había enfriado. Cuando escuché el timbre, supe que era ella antes de que mi papá dijera su nombre.

—Ya voy —dije, aunque no me moví.

Mi papá abrió. La escuché entrar con esa energía que siempre trae, como si el mundo no pesara tanto cuando ella está cerca.

—¡Vale! —exclamó—. Estás viva, eso es buena señal.

Sonreí, levantando apenas la mano en salud
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