Hellen revisaba algunos documentos junto a su padre en la oficina principal de la empresa familiar. A pesar de no haber podido recuperar la mansión, eso ya no era una preocupación para ninguno. Había algo más grande: paz. Y eso no se podía comprar. Desde que Marcel había caído en prisión, las pocas acciones que aún conservaba fueron vendidas al señor Fisher, quien las había adquirido sin dudar. Ahora todo volvía a estar en familia.
La oficina había sido remodelada con buen gusto. La luz natural