El aire del estacionamiento del hospital se sentía espeso, como si también cargara el peso de los secretos, la traición y el escándalo. Hellen se apoyó en el capó del coche, tratando de controlar su respiración. No era solo el cansancio físico lo que la hacía tambalearse… era el agotamiento emocional, las lágrimas que ya no podía llorar, la rabia contenida que se le quedaba atorada en la garganta.
Se quitó los lentes oscuros por un instante y cerró los ojos, buscando un instante de paz en medio