Nicolás se mantenía de pie con una copa de vino en la mano, su postura relajada pero imponente.
Desde el otro lado del jardín, las primas de Hellen no dejaban de mirarlo con descaro.
Susurraban entre ellas, sonriendo como adolescentes emocionadas, lanzándole miradas que, si fueran más obvias, podrían iluminar toda la fiesta.
Ninguna de ellas llamaba su atención.
Ni siquiera un poco.
A Nicolás le resultaba molesto.
Y aburrido.
Su esposa, en cambio, parecía completamente ajena a la situación.
Sen